<<Ponte
un vestido hermoso, ésta noche será especial. Te quiero amor>>
Miré la pantalla encendida de mi teléfono y suspiré.
Claro que iba ser una noche especial, al menos para nosotros.
Rebusqué en mi armario y simplemente no encontré algo
“lindo” eso no figuraba en mi vestuario. Recordé que en el sótano tenía varias
cajas en donde guardaba los vestidos que me regalaban de las pasarelas, algo
debía encontrar.
Con pereza entré al sótano, encendí la solitaria
bombilla y escaneé el lugar en busca de esas cajas. Según recuerdo les había
puesto una gran etiqueta que decía “mierda”.
Subí y me encontré a Louis con Eleanor y Madeleine,
éstas parecían ser las mejores amigas. Louis notó la caja que cargaba e intento
quitarla de mis brazos, lo deseché, en realidad la caja no es tan pesada.
- ¿Qué
traes ahí preciosa? –preguntó.
- Son
sólo unos estúpidos vestidos. Al parecer voy a tener una velada romántica con
Gaspard. –miré a las dos chicas-. Tú sabes, quiero estar bonita para la
ocasión.
- Tú
eres hermosa ___, no necesitas esas porquerías de vestido, por cierto ¿De dónde
sacaste eso?
- Son
los vestidos que me han dado de las pasarelas, aunque no se cual elegir. –Miré
a Louis rascando mi cabeza y él dio un trago a la cerveza que traía en manos,
se encogió de hombros- Puedes llevar el vestido que te dio Louis Vuitton.
- Tienes
razón, es lindo. Creo que aún conservo los Christian Loboutin negros. Gracias
Lou.
- De nada
pequeña.
- Chicas…
-éstas me miraron, sus rostros asomaban sorpresa, supongo por la ridícula charla
que acababa de tener con mi hermano, extendí la caja hacia ellas y me encogí de
hombros-. Ustedes utilizaran estos mejor que yo. Además aún tengo desfiles por
delante y me regalaran más.
- Oh…
gracias. –Eleanor sonrió tímida. Tomaron la caja y comenzaron a rebuscar lanzando
grititos de sorpresa y exclamación. Louis me miró sonriendo, lo fulminé. Esto no
quiere decir que me guste su chica.
Regresé a mi habitación, el dilema de lo que vestiría ya
estaba resuelto así que sólo necesitaba relajarme. Justin había ido a ser unas
diligencias de última hora. Dank se encontraba aún recogiendo almas y Louis se
había quedado a cuidar de las chicas, aún no sabíamos qué hacer con ellas
cuando nosotros nos marcháramos, pero ese es un asunto que resolveremos después.
Llené la bañera con agua caliente y esparcí sales aromáticas.
Me recosté y cerré mis ojos levitando en un pequeño sueño. Cuando sentí que el
agua perdía su calor, envolví mi cuerpo en una toalla. Caminé descalza por la
alfombra y me postré frente al espejo. Hoy, de alguna manera lucía diferente. Tomé
el secador de cabello y lo pasé rítmicamente por mis hembras castañas. Lo acomodé
un poco y apliqué una ligera capa de maquillaje.
Miré el vestido y sonreí. Ese día que desfilamos Louis
había estado muy nervioso, era su primera pasarela y creía que iba a caer. Jugué
un poco con su mente y reproduje una imagen donde el caía frente a todo. Casi lloró,
y cuando se enteró que fue una pequeña bromita no me habló durante una semana.
Lo cogí y me lo puse. Dudé un poco a la hora de
colocarme esa enormidad de zapatos, pero de igual manera me los calcé. Me quedé
un momento frente al espejo observando mi reflejo.
- Luces
hermosa nena. –Dank se encontraba situado tras de mí.
- Tú luces
como la mierda. –ambos soltamos una risita y me volteé para estas frente a él,
con sus brazos rodeó mi cintura y apoyé mi cabeza en su pecho.
- ¿Qué
te preocupa nena?
- No lo
sé… sólo estoy un poco nerviosa. –admití.
- Todo
saldrá bien. Ahora sal y ve con ese hijo de puta antes de que lo mate por
querer a mi chica.
Salimos riendo y me encontré frente a Louis, se acercó rápidamente
y me envolvió en un tremendo abrazo de oso.
- Cuídate
princesa.
- Lo haré.
Ambos me acompañaron hasta la puerta, donde una gran
limosina me esperama. Me monté y exhalé profundamente.
Había llegado la hora.
