Tomé del armario mi sudadera negra. Después
me coloqué encima de ésta mi chaqueta de blue jean. Esta noche era
excepcionalmente fría.
Abrí la ventana y de un salto salí de mi
habitación.
Vi el auto de mi hermano estacionado en la acera y por un momento
pensé en viajar como una persona normal, pero dado que no lo era cerré mis ojos
y dejé que mi mente divagara en la casa que había visto con anterioridad.
En
cuestión de segundos estaba frente a ella.
Una tenue luz se desprendía de la ventana.
Salté y en cuestión de segundos estaba dentro de la habitación. Recorrí la
mirada buscando algún rastro de vida pero ésta se encontraba extrañamente
vacía.
Escuché unos sollozos detrás de una puerta,
y rápidamente me di cuenta de que se encontraba ahí.
Moví mi mano haciendo un
movimiento circular, se escuchó un chasquido y la puerta se abrió solo unos
escasos centímetros.
Asomé mi cabeza buscándolo, y ahí se
encontraba él, recostado en la pared,
llorando como un bebé.
Me acerqué a él y lo rodeé con mis brazos,
él levanto la mirada, luciendo confuso por un nanosegundo. Después soltó un
sollozo y se aferró fuertemente a mí.
—
Ella
me dejó.
—
Lo
sé.
—
¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó— ¿Cómo
entraste aquí?
—
Por la ventana. No se necesita ciencia para
hacerlo —rió levemente.
—
Gracias. —dijo en cuanto dejó de llorar.
Salimos del baño y él se recostó en la cama, haciéndose
un ovillo. Me senté en la esquina y lo miré. Estarás bien.
—
¿Cómo haces eso?
—
¿Hacer qué?
—
Ya sabes… hablar en mi mente. ¿cómo lo
haces?
—
No soy como los demás Zayn. Pero tampoco
debes temer de mí. No pienso hacerte daño.
—
Eso no me consuela demasiado. —rió— ¿Me
dirás que eres?
—
Algún día. —dije.
Nos quedamos en un cómodo silencio. ¿Qué haré mañana? No soportaré ir a clases mientras ella esté ahí.
—
No te preocupes por eso Zayn. Yo estaré para
ti. Considérame tu nueva amiga.
—
¿Cómo puedes tratarme así después de todas
las cosas que te dije?
—
Porque sé que no las decías enserio. Ahora tengo
que irme.
—
Te acompaño a la puerta.
—
No es necesario. —sonreí— Cierra la ventana
en cuanto me vaya, y recuerda dejarla abierta en la noche.
—
¿Qué…
Ajusté mi chaqueta y me senté en el alfeizar
de la ventana sintiendo la fría brisa de la noche y salté.
Ya estando en la calle me coloqué el gorro
de la sudadera que llevaba debajo y volteé hacia la ventana, Zayn estaba ahí
parado mirándome. Sonreí y agité una mano en forma de saludo.
Hasta
luego Malik.
Eché
un último vistazo viéndolo sonreír.
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